Signos y síntomas

Dibujo de una mujer sentada

Los signos y síntomas de la fiebre de Lassa suelen aparecer entre 1 y 3 semanas después de que el paciente entre en contacto con el virus. En la mayoría de las infecciones por el virus de la fiebre de Lassa (aproximadamente el 80%), los síntomas son leves y no se diagnostican. Los síntomas leves incluyen fiebre leve, malestar general y debilidad, y dolor de cabeza. Sin embargo, en el 20% de los individuos infectados, la enfermedad puede evolucionar hacia síntomas más graves, como hemorragias (en encías, ojos o nariz, por ejemplo), dificultad respiratoria, vómitos repetidos, hinchazón facial, dolor en el pecho, la espalda y el abdomen, y shock. También se han descrito problemas neurológicos, como pérdida de audición, temblores y encefalitis. La muerte puede producirse en las dos semanas siguientes al inicio de los síntomas debido a un fallo multiorgánico.

La complicación más común de la fiebre de Lassa es la sordera. Se producen varios grados de sordera en aproximadamente un tercio de las infecciones, y en muchos casos la pérdida de audición es permanente. Por lo que se sabe, la gravedad de la enfermedad no afecta a esta complicación: la sordera puede desarrollarse tanto en los casos leves como en los graves.

Aproximadamente entre el 15% y el 20% de los pacientes hospitalizados por fiebre de Lassa mueren a causa de la enfermedad. Sin embargo, sólo el 1% de todas las infecciones por el virus de Lassa resultan mortales. Las tasas de mortalidad de las mujeres en el tercer trimestre del embarazo son especialmente altas. El aborto espontáneo es una complicación grave de la infección, con una mortalidad estimada del 95% en los fetos de madres embarazadas infectadas.

Debido a que los síntomas de la fiebre de Lassa son tan variados e inespecíficos, el diagnóstico clínico suele ser difícil. La fiebre de Lassa también se asocia a epidemias ocasionales, durante las cuales la tasa de letalidad puede alcanzar el 50% en pacientes hospitalizados.