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La hipospadias es un defecto congénito masculino en el que el orificio de la uretra está situado en la parte inferior del pene en lugar de la punta. Aunque el defecto es común y su prevalencia va en aumento (de 2 a 8 casos por cada 1.000 nacidos vivos en los países occidentales), se desconocen las causas de la mayoría de los casos. Algunos estudios sugieren que los niveles reducidos de la hormona placentaria gonadotropina coriónica humana (hCG) pueden desempeñar un papel; otros sugieren asociaciones entre el hipospadias y condiciones como el bajo peso al nacer, el nacimiento prematuro y la preeclampsia que podrían ser causadas por el mal funcionamiento de la placenta y las subsiguientes anormalidades en la regulación hormonal y la nutrición proporcionada al feto (una condición conocida como insuficiencia placentaria). Un nuevo estudio presenta ahora pruebas adicionales de que la hipospadias tiene su origen en un mal funcionamiento de la placenta.

Los datos de 292 casos de hipospadias y 427 controles se recogieron como parte de un estudio conjunto danés-sueco tanto de hipospadias como de criptorquidia (testículos no descendidos). En Suecia, los casos de hipospadias se reclutaron en una clínica de cirugía pediátrica, y los datos se recogieron mediante cuestionarios autoadministrados. En Dinamarca, los casos procedían de la Cohorte Nacional Danesa de Nacimientos, una cohorte poblacional de mujeres y niños. Se entrevistó a las madres durante el embarazo y dos veces después del parto. Los controles emparejados nacieron en el plazo de al menos 6 meses de cada caso y dentro del mismo condado, y fueron seleccionados aleatoriamente a partir de los registros nacionales de nacimiento y de población.

Los investigadores encontraron varias condiciones asociadas de forma independiente con un mayor riesgo de hipospadias, la mayoría de las cuales, según dicen, podrían explicarse por una producción alterada de hormonas por parte de la placenta. Las madres sin náuseas en el primer trimestre tenían el doble de probabilidades de tener hijos con hipospadias, al igual que las madres que tenían un índice de masa corporal de 30 o más antes del embarazo. Estos resultados apoyan la teoría de que la insuficiencia placentaria contribuye a la hipospadias. Se cree que las náuseas están causadas por un aumento temprano de las hormonas del embarazo, y la ausencia de náuseas en el primer trimestre se asocia con niveles bajos de hCG. Un estudio anterior demostró que las mujeres obesas tienen niveles más bajos de una familia de proteínas denominadas inhibidores del activador del plasminógeno, algunas de las cuales proceden de la placenta.

El equipo también determinó que una dieta materna carente de pescado y carne se asociaba con un riesgo más de cuatro veces mayor de hipospadias en los bebés varones. Este hallazgo complementa un estudio realizado en el año 2000 por otros autores que mostraba una fuerte asociación positiva entre la dieta vegetariana materna y la hipospadias en la descendencia. Los autores del estudio actual concluyen que la exclusión de las proteínas animales podría aumentar el riesgo de una deficiencia transitoria de algún nutriente esencial para la formación de los órganos o la placenta. Otra explicación es que algunas fuentes de proteínas en la dieta de los vegetarianos (como la soja) contienen compuestos con efectos hormonales que pueden afectar al desarrollo de los órganos urogenitales en los seres humanos.