La mejor focaccia

¿Hay algo más delicioso o adictivo que una focaccia caliente y recién horneada? Si has respondido que no, has venido al lugar adecuado.

Nuestra versión es totalmente clásica, cubierta con hojas de romero fresco y sal marina crujiente. Es perfectamente crujiente-tostado por fuera y súper suave- esponjoso por dentro. Aprenda a conquistar este clásico italiano con unos cuantos consejos fáciles de seguir.

Guía para principiantes sobre el pan

Si es la primera vez que hace masa desde cero, la focaccia es un buen punto de partida. Lo primero es hacer florecer la levadura: disuelve un poco de azúcar en agua tibia y luego añade la levadura. En unos 10 o 15 minutos, transformará los gránulos secos en una masa espumosa y burbujeante. Mezcla el resto de los ingredientes de la masa, luego vierte tu levadura activada y el agua y mezcla hasta que se forme una masa desordenada. A continuación, júntala y amásala durante 5 minutos hasta que quede suave. A diferencia de la mayoría de las recetas, no hay que añadir harina sobre la marcha, porque cuando se trata de esta masa, pegajosa = buena. ¿Otra ventaja? Esta masa sólo requiere un levado, mientras que la mayoría requiere dos!

Enloquece con el aceite de oliva

El aceite de oliva es el mejor amigo de la focaccia. Hay aceite de oliva en la propia masa, cubriendo la masa mientras sube, engrasando la sartén y, finalmente, rociando por encima. Asegúrate de utilizar un aceite de oliva virgen extra de buena calidad, ya que es el que aporta gran parte del sabor. Y no sea tacaño. El aceite se absorbe en la masa mientras se hornea e imita una condición de fritura poco profunda que ayuda a la focaccia a formar esa deliciosa corteza crujiente y profundamente dorada.

¡Pícalo!

La mejor parte de hacer focaccia es el método especial de estiramiento. Para conseguir que la masa llegue a los bordes de tu sartén, vas a pincharla por todas partes. Esos hoyuelos son la firma de la focaccia, ¡así que métete de lleno! Sé firme pero suave: tu objetivo es extender la masa por el molde mientras tus dedos se hunden y empujan hacia fuera, pero evita pinchar directamente hacia abajo y empujar toda la masa. Esos rincones y grietas proporcionan una gran textura y también son ideales para, lo has adivinado, coger el aceite de oliva.

Cubriendo tu focaccia

La focaccia es un lienzo en blanco para deliciosos aderezos, así que siéntete libre de experimentar y ser creativo. Esta receta clásica lleva hojas de romero frescas (¡que se vuelven crujientes como pequeños chips de hierbas en el horno!) y sal marina crujiente. Pero puedes añadir semillas de sésamo, queso, aceitunas, tomates secos, mezclas de especias como za’atar, incluso cebollas caramelizadas o pimientos rojos asados. Sólo asegúrate de precocinar las verduras crudas, si las usas. ¡No querrás que la humedad arruine tu corteza perfecta!

Si te sobra focaccia (pero pongámonos serios, ¿existe eso?), ¡considera hacer este relleno de focaccia!