El gran dictador (1940)

«El gran dictador» (United Artists, 1940), se convirtió en el esperado debut en el cine sonoro del cómico del cine mudo, Charlie Chaplin (que también escribió y dirigió), en una sátira política sobre Adolfo Hitler, sólo que de la forma en que Chaplin se atrevió a hacerlo en su momento. Interpreta a un barbero judío y a Hynkel, dictador de Tomania. Parte del humor no se puede asimilar realmente a primera vista, pero tras repetidos visionados, mejora. Mi momento clásico personal ocurre con Chaplin en la barbería atendiendo a un cliente calvo afeitándolo mientras escucha una composición clásica en la radio, sin perder el ritmo. Junto a Chaplin actúa por segunda y última vez Paulette Goddard en el papel de Hannah. Goddard se convirtió en la única actriz principal de Chaplin que tuvo éxito por sí misma, mientras que las demás se dedicaron a las películas de serie B o se desvanecieron. Jack Oakie, en el papel de Napaloni, el dictador de las bacterias (una parodia de Mussolini), aparece tarde en la historia, pero comparte con Chaplin algunos de sus brillantes momentos cómicos. Tanto Chaplin como Oakie fueron nominados al Oscar por sus interpretaciones (Chaplin como mejor actor y Oakie como mejor actor de reparto), pero no ganaron. Henry Daniell como Garbitsch y Reginald Gardiner como Schultz también comparten el protagonismo. Aparte del guión de Chaplin, que se burla de los temas de actualidad de la invasión europea por los nazis, «El gran dictador» combina con maestría la sátira con los tintes dramáticos. Su escena final, en la que Chaplin pronuncia un discurso en el que aboga por que todas las personas sigan el camino de la paz, la fraternidad y la democracia, es imperdible. Que esta película esté por encima de «Sopa de pato» (Paramount, 1933) de los Hermanos Marx es cuestión de gustos. (***)