¿Cómo funciona una máquina de diálisis renal?

Durante la diálisis, la sangre de un paciente pasa por un filtro externo (un hemodializador) que realiza algunas de las funciones del riñón: eliminar los desechos, el exceso de líquidos y las sales de la sangre y corregir los niveles de sustancias químicas específicas. A los pacientes que se someten a diálisis se les filtra la sangre varias veces a la semana; para facilitar este proceso, los médicos crean una ventana en el torrente sanguíneo que permite extraer y devolver la sangre de forma rápida, eficaz y segura. La ventana suele estar en el brazo y completamente bajo la piel.

Los médicos utilizan uno de los dos procedimientos para crear un acceso de diálisis, una fístula o un injerto. En ambos casos, se conecta una arteria a una vena para aumentar el flujo sanguíneo a través de ésta. Con el tiempo, la vena se agranda, transportando más sangre y facilitando a los técnicos y enfermeras de diálisis el acceso al torrente sanguíneo.

Para crear una fístula, el cirujano une una arteria a una vena grande y cercana. Durante las semanas y meses siguientes, la vena aumenta de tamaño. Si la vena está bloqueada o es demasiado pequeña para utilizarla, los médicos crean un injerto, una conexión de arteria a vena utilizando un tubo sintético en lugar de los propios vasos sanguíneos del paciente. Como las fístulas se construyen con los propios vasos sanguíneos del paciente, suelen ser más duraderas y resistentes a las infecciones que los injertos.