Acné

El acné no es tu culpa. Ahora se entiende que la genética juega un papel en el acné. Si tus padres tuvieron acné en la adolescencia, lo más probable es que tú también lo tengas.

El acné suele comenzar alrededor de la pubertad, cuando los hombres y las mujeres experimentan niveles hormonales fluctuantes. Estas hormonas regulan la actividad y el tamaño de las glándulas productoras de grasa («sebáceas») que se encuentran dentro de los poros de los folículos pilosos de la piel. La elevación de estas hormonas hace que las glándulas sebáceas se expandan, desencadenando a su vez una sobreproducción de grasa.

Las glándulas sebáceas producen una sustancia aceitosa llamada «sebo». Durante el ciclo natural de la piel, el sebo viaja a través de los folículos pilosos hasta la superficie de la piel. El revestimiento de la pared del folículo desprende entonces células de la piel, que se adhieren al sebo. Cuando la piel produce y desprende células cutáneas al mismo tiempo, el folículo se obstruye, bloqueando la abertura en la superficie de la piel. Cuando el tapón crece lo suficiente como para salir a la superficie de la piel y ser visto, se trata oficialmente de un punto negro o blanco. Además, el sebo y los restos celulares contribuyen a la proliferación de bacterias que viven en el interior de los poros y provocan infecciones, dolor, enrojecimiento e hinchazón. Estas manchas pueden ser dolorosas y pueden causar cicatrices.

Tu propio cuerpo intentará naturalmente limpiar los poros obstruidos enviando ciertas células especializadas que invaden el folículo para ayudar a limpiarlo. Sin embargo, en el proceso, la pared del folículo puede debilitarse y romperse, vaciando el contenido del folículo en el tejido circundante. Cuando esto ocurre, puede producirse una inflamación o enrojecimiento alrededor del folículo afectado, lo que da lugar a las protuberancias o granos más grandes característicos del acné. Estos se conocen como pápulas (protuberancias rojas) y pústulas (cabezas amarillas) y a veces pueden causar cicatrices.

Desde que el acné comienza a formarse bajo la piel hasta su desaparición, el ciclo de vida de un grano puede tardar de 8 a 12 semanas en seguir su curso. Y las manchas oscuras que dejan algunos granos pueden tardar aún más en desaparecer por completo.